DIARIO DE TRIANA XI

75 comentarios en “DIARIO DE TRIANA XI”

  1. Mira que me quedé en el momento en que Triana aparca el coche y le ve esperando bajo la lluvia, y se me ocurrió un derrotero diferente para la historia. Verás:

    … Abrí el paraguas y descendí accionando el mando para cerrar el coche. Y en ese momento te vi. Allí, en la acera de enfrente, empapado como una sopa, comprendí que la hora de retraso con la que acudía a mi cita contigo te había hecho mella. De tu cabeza salía como humo. No sé si era el agua que rebosabas que comenzaba a evaporarse, o que estabas hasta el DVD de esperarme mojándote. Solo una frase tuya me sirvió para adivinarlo:
    – Ya era hora, so hijaputa.
    Y te diste la vuelta y me dejaste con dos palmos… de narices.

    Perdona la intromisión pero es que, de verdad, lo he pensado cuando te leía ja,ja,ja.
    Ahora en serio. Cuando te leo me cortas la respiración.
    Besos y perdona por el atraco.

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    1. Y me quedé compuesta y sin novio, además de con las ganas. Eso me pasa por llegar tarde.
      Jajajaajajajaja mira que eres gañán!
      Con lo bonito que me había quedado. Sobre todo la escena de la alfombra, de la que habrías podido sacar un momento gañán terrible. Casi te lo agradezco.
      Bestial.
      Un besazo. Estás perdonado!!

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  2. Al igual que Cmacarro, mi mente tiene unos derroteros muy diferentes de los que evoca esta —preciosa— escena. Pero no me refiero al genial ingenioso ingenio humorísitico del que hace gala, sino al mío en particular.
    Y es que lo primero que se me pensé es que ¿cómo se le ocurre a la protagonista hacer callar al galán con un beso? Imagínate que hubiese sido al revés: ella, dicharachera, le cuenta a su amado con toda la ilusión del mundo sus inquietudes y va el muy cazurro y la hace callar.
    Con un beso, sí, pero la hace callar.
    Consecuencias: se queda sin «encuentro» —yo, en mi soez pragmatismo, lo hubiese llamado de otra manera—, sin pareja y con un carrillo «colorao».

    Pero todo lo anterior es sólo para pinchar. Porque imagínate la cantidad de reflexiones a que dan lugar tus escritos si de una frase se tiene todo lo de antes, pero en serio 😀 .

    —O no tanto. Piensa el juego que puede dar esta escena con una triple Ana, o con el triple de Anas 😛 .—

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      1. Por supuesto. Hablo creo que por los dos cuando digo que invocamos aquí sólo las sensaciones más polémicas. La otras, las tan bien sugeridas por tu prosa, quedan en el desván de lo muy íntimo, donde nadie entra a quebrar nuestra fachada de macho ibérico.
        Faltaría plus.

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          1. Pues no. Ahí guardo unos versos perdidos de un adolescente enamorado con ínfulas de poeta; un amor con una mujer gato, pesadilla y sueño de una sola noche; emociones de ver una película con la que se debería emocionar uno; empalagosas palabras tejidas para enamorar que no surtieron efecto; nostalgias de amores no correspondidos; varios litros de lágrimas emitidas sin permiso…
            Ahí sólo me asomo yo y nada más que para hacer limpieza.

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  3. “No hay fuente que calme la sed como los labios de Triana… ¡Que despiste el mio! Estaba tan concentrado en el retrato de Triana que no me di cuenta que ya era la hora. Rápidamente lo oculté con otro bastidor en blanco encima del caballete y lo cubrí todo con una sábana vieja llena de cientos de brochazos de pinturas al óleo. Bajé de tres en tres las escaleras y no me importó que estuviera lloviendo porque, la verdad, la lluvia era una bendición en aquel momento, el marco ideal para aquella gran mujer llegada desde el lluvioso norte.
    La lluvia resbalaba por mi cara, enmascarando las lágrimas de pura emoción que querían salir de mis ojos. No dije nada, pues nada me parecía adecuado para romper aquel momento. Le tendí mi mano abierta y ella me rozó con la suya, acurrucándose tiernamente entre mis dedos… y luego, luego solo ella existía. Estos son los instantes que construyen recuerdos, esos momentos por los que vale la pena esperar, manteniendo a raya la incertidumbre que nos acosa cuando la distancia nos separa, ¿verdad?
    Subimos las escaleras como dos corazones ensartados por la misma flecha de pasión envenenada. Cada escalón una batalla y en cada descansillo una efímera tregua evitando mirillas indiscretas.
    —Déjame que acaricie tu piel, solo eso- te dije ya en mi apartamento, mientras regresaba a mi la calma y lentamente disfrutaba del incomparable ritual de desnudarte, pieza a pieza, disfrutado del exquisito tapiz de tu piel, tu olor a jazmín enamorado…
    No conseguimos llegar a la habitación. Sobre la alfombra del salón ya queríamos ser un solo cuerpo… —TriAna, quiero guardar tu olor dentro de mi,- y descendí besando tu ombligo, tu vientre, descendí hasta tu misma fuente, la que sacia mi sed y llena de placer a la mujer que con sus manos entre sus muslos ahora me retiene… Hicimos el amor sobre aquella alfombra mágica. Lo hicimos como solo se hace cuando todo empieza con el amor como única condición. Agotados, quedamos tendidos sobre la alfombra apretando los sexos para no separarnos nunca.
    Y creo que me dormí, porque soñé con ella y me recitaba poemas que aliviaban mi mente, que me daban la vida una vez más. “Por fin te tengo y ahora ya no dejaré que te vayas…” Le dije en sueños, o tal vez fue ella, no lo se, el caso es que me tiene, no se como lo hace pero siempre me tiene, aunque la lluvia nos separe.”

    Llego muy tarde, lo se. Me he aficionado a ser el último de tus comentarios.!!!
    En fin, felicidades, Anita… No dejas de sorprender y sorprenderme con las cálidas historias de TriAna. Felicidades, mil felicidades. cada día te superas.

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    1. Llegas tarde, como siempre,
      Pero siempre llegas.
      Y como siempre, superas
      con tus textos mis palabras y
      enriqueces esta historia.
      Nunca es tarde para quien sabes que llega.
      Nuevamente gracias por tu extraordinaria generosidad.
      Otra vez estás por el mundo??
      Bienvenido. Un abrazo enorme de los de siempre.

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  4. La última vez,

    Tomé el avión y sin aviso llegué, saltándome todas las explicaciones narrativas, estaba a orillas del mar, en tus arenas, en tus olas. Me detuve para buscar tu silueta entre el sol y las sombras del porche de casa. Ahí estabas, esperando, con un vestido sencillo y transparente, tu amor y esperanza cubría todo lo demás, tu corazón hinchado era el viento empujándome hacia ti, y por un momento estuve en el cielo. Luego el sol de la mañana atacaba mis ojos, yo aún pegado a la cama y con la caricia de las sábanas te soñé en mis brazos Triana.

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  5. Con un delicioso nudo de ansiedad en la garganta y el pecho apretado te escribo casi por reflejo. Es hermoso. Sobre todo dejarse llevar a ese momento tan perfecto, íntimo y único. Aunque vivas varias experiencias parecidas, cada uno es único y perfecto. Bellísimo.

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    1. Espero que el nudo no te impida seguir leyendo mis relatos de Triana. Todos los momentos descritos en ellos son únicos e irrepetibles. Me alegra que hayas disfrutado la lectura y te animo a que sigas explorando más relatos de esta bella mujer. Un abrazo y gracias por venir.

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