SOBRE FÁBULAS Y OTRAS HIERBAS

56 comentarios en “SOBRE FÁBULAS Y OTRAS HIERBAS”

  1. Hola Ana, por fin encontré las gafas de sol y por tanto ya puedo comentar en tu apreciado blog. Es que el reflejo de esos preciosos pendientes siempre deslumbran (ja,ja)

    Tu interesante post también me recuerda los cortes de suministro eléctrico. Pues cuando ocurren, si estamos acompañados, ‘se hace la luz con las virtudes’.

    Seguro que a los primeros instantes de enojo y desesperación, les han seguido otros de entrañable calma y sosiego. Esos que facilitan el entendimiento y complicidad con las personas que nos acompañan en esos momentos o durante un rato. Paradójicamente se ilumina el ingenio y la memoria, y aún a oscuras se acaban encontrando los olvidados cirios, velas, cerillas, mecheros y linternas. Mana todo un caudal de generosas intenciones. Surgen el buen humor, los chistes, las anécdotas y los cuentos. Los viejos transistores y radios con pilas. Y si se ha entrado en la noche aparece un insólito paisaje tras la ventana.

    Momentos para el hallazgo de una adivinanza, el descubrimiento de unos viejos naipes abandonados, o puede que incluso una olvidada guitarra arrinconada.

    Y en la tertulia van desfilando recuerdos de personas, amigos o conocidos. Se libera una saludable comunicación con quienes compartimos el centelleo de la llama que nos alumbra y nos ilumina.

    De pronto, rompiendo la calma y la paz casi en un estallido, irrumpen bombillas y aparatos varios, que nos recuerdan nuestra esclavitud bajo sus beneficios. Con unos resignados soplos, acabamos con las ‘velas’ de una maravillosa ‘velada’. Y rápidamente nos apresuramos por borrar los restos de provechosa cera.

    Por un rato, como dices en tu bello escrito: hemos aprendido a vivir sin lo superfluo.

    Te felicito por las reflexiones que evocas. Gracias, un beso y un fuerte abrazo.

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    1. Y a mi memoria vienen entonces alguna de esas noches de tormenta en mi infancia cuando un trueno sonaba y se llevaba toda la luz. En una cuidad te asomas a la ventana y nunca es todo realmente oscuro pero en el pueblo de la montaña asturiana donde yo nací, era terriblemente oscura la falta ella. Y si, se encendian las velas y salian las historias. Y aunque al principio surge el miedo, luego te vas sintiendo mas cómodo y es que al final en la oscuridad hay las mismas cosas que en la luz, solo que no podemos verlas. Gracias por venir una vez mas Enric. Besos

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      1. Qué bonitas palabras, las tuyas y qué privilegio tener la proximidad de la naturaleza. A veces cruda y abrupta pero siempre sabia. En aquella oscuridad tan ‘transparente’ se estuvo forjando tu personalidad, profunda como el eco del trueno y cristalina como el reflejo que dibuja el rayo. Querida Hija de las Montañas: ¡qué bella es tu alma!

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  2. En mi lasciva imaginación he recorrido cada uno de tus valores. He acariciado tu personalidad y he enterrado mis artilugios….
    Ahora que mis vecinos andan al acecho… Ahora que se que me los robaran… Ahora… Es cuando mas valoro sentirte con los ojos cerrados.
    Pd: los cierro después de leerte. Y así poder imaginar a quien escribe este precioso y entrañable blog.
    Mil besitos sin más valor que el de la admiración.

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  3. He recordado las mismas noches de tormenta, en la casa de piedra de mis abuelos, escuchando historias de inviernos y meigas a la luz de las velas, con el olor a castañas asadas saliendo de la cocina de leña… Gracias por estos recuerdos, hace tiempo que no venían a visitarme.

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  4. Valorar a las personas por su interior es lo que nos hace realmente grandes. Valorar las cosas intangibles, las cosas inmateriales, las cosas que son gratuitas, como el cariño, el amor, un beso o un abrazo, es algo que nos reporta más felicidad que cualquier cosa que podemos tocar o coger. Tú no sabes lo que vales, Anita. Pero vales mucho más de lo que piensas.

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  5. Preciosa fábula Ana. En muchas ocasiones he estado rodeado de personas que no les gusta lo que tienen, lo critican, exigen mejoras…. hasta que de pronto no lo tienen. Como la moneda escondida. Realmente no necesitamos nada de lo que tenemos, como material. Y nos apegamos a ello. Solo necesitamos a las personas, el interior de las personas. Lo auténtico. Lo valioso.
    Me encanta lo que leo, como siempre. Y haces que me acueste con una nueva lección cada día. Buenas noches y felices sueños Ana

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    1. Es un lujo todo el tiempo que te estás tomando para leerme Luis.
      En efecto nos apegamos a lo material cuando lo verdaderamente importante es lo que llevamos dentro cada uno. Lástima que tengamos que llegar a cierta edad para darnos cuenta de esto. Y hay quien nunca lo aprende.
      Mil gracias Luis por todo. Besos

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      1. Dices que lástima llegar a cierta edad para aprender. Discrepo, me gusta ser positivo y digo “qué fortuna cuando al llegar a cierta edad seguimos creciendo” A partir de cierta edad quizás físicamente se puede decaer, pero mentalmente y es sentimientos y sensibilidades se crece. Y te hace apreciar más cada minuto de vida. Definitivamente no es malo cumplir años (y siempre mejor que la “otra” alternativa jajajaja)
        Tiempo para leerte? Ojalá hubiese conocido antes tu blog para leerlas “calentitas” recién sacadas.

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          1. Había un cuento infantil, “El imán de Teodorico”, por Constancio C. Vigil. Trataba justamente de eso: los avaros, gente que padecen de la enfermedad de acumular riquezas sin saber para qué. Son peor que los egoístas; porque el egoísta “se quiere mucho”, pero el avaro es mezquino hasta consigo mismo.

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            1. Y además nunca tiene suficiente. Sin embargo sus tesoros son materiales pero no les da uso para no perderlos. Esa es su incoherencia. En lugar de vivir, sufre por lo que no tiene o anhela. O por lo que perdió. Y no sabe que lo que pierde es el tiempo y la vida, dos cosas que jamás podra recuperar.
              Un besito y mil gracias por venir Fabio

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  6. No puedo estar más de acuerdo, Ana. Quizás, los años y el camino andando nos hacen aprender a deshacernos del equipaje material y atesorar esas cosas valiosísimas que no se pueden comprar. A mirar en el interior del otro y a ver más allá de lo que alcanza nuestra mirada. Un gusto leerte y compartir pensamientos. Un beso grande

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  7. Relatos y consejos, Ana … me gusta.
    Ah, me alegra ver que tu página es más concurrida que la cola del pan de La Playa, pero el dedo con el que muevo la rueda del ratón para llegar hasta este comentario ya tiene agujetas.
    Feliz miércoles

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  8. Por desgracia vivimos en el mundo de “tanto tienes, tanto vales”, así haya sido conseguido con sangre. “No hay Don sin Din”, decia mi padre. Tuve la suerte de tratar a unos señores, ya mayores, de los que aprendí mucho. No se privaban del buen vivir (merecido) bajo el argumento de que el dinero solo vale para gastar, todas sus posesiones y los ahorros que iban acumulando lo repartían cada equis tiempo entre sus cinco hijos para que no estuviesen deseando estos que murieran y proceder a heredar con posibles disputas. Y si alguna vez les hacía falta algo ahí estaban precisamente sus hijos, decían. Unos sabios

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    1. Sabios a rabiar Antonio. Afortunadamente cada día que pasa, en mi vida solo dejo entrar ya a los que son todo lo contrario a esos de ” tanto tienes…” y sabes qué? Que esos son los que de verdad me importan. Besos y abrazos galleguin de mi alma.

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  9. Me encanta cuando veo que andamos por los mismos carriles. Hace unos tres años escribí una entrada muy parecida a la tuya, aunque hoy la releo y veo que me hubiera gustado más hacer hincapié en el punto central que tocas tú: la necesidad de minimizar los objetos materiales que se poseen (y que en poco tiempo terminan poseyéndonos a nosotros). La dejo aquí, como al pasar…

    Abrazos.

    https://borgeano.wordpress.com/2013/10/20/despojarse-de-todo/

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  10. Recuerdo mi niñez, una parte en Asturias, tu tierra, y otra parte en la montaña palentina, donde nací y donde me crió mi abuela. Nunca tuvimos nada, como a veces digo, por no tener no teníamos ni basura, pues se aprovechaba todo… eso me hizo valorar las cosas pequeñas y nunca he sentido el ansia de tener.

    Lo que he ido consiguiendo a lo largo de los años, no demasiado pero sí lo imprescindible para vivir con dignidad, no me ha hecho olvidar que lo importante es la gente que me rodea, los que me han querido y quieren y los que he querido y quiero. Eso es lo importante, lo demás es solo humo…
    Un abrazo.

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    1. De ahí, de esa niñez, sale tu preciosa alma Estrella. Yo también nací y me crié en un sitio muy humilde y como en la mayoría de ellos, no se desperdiciaba nada. Mucho deberían aprender ahora sobre reciclar, de aquellos pueblos y aquellos tiempos. Y como bien dices, ese aprendizaje es el que nos enseña a valorar las cosas en su justo valor.
      Me emociona saber que has estado aquí cerquita Estrella. Muchas gracias y muchos besos.

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  11. Hola de nuevo Ana, aunque soy muy perezoso con el teclado, creo que por eso trato con cortos escritos, visitándote para ir hacia el conocimiento virtual no me he podido resistir a añadir algún comentario más o menos interesante con respecto a tu reflexión con respecto a la fábula que comparto y con respecto a la cual quería añadir alguna nota subjetiva.
    Yo que ya voy de vuelta aunque espero que el camino de vuelta sea largo, he vivido en mis carnes más que alguna vez la fábula en persona y también he comprobado en persona lo sabio de la concluyente moraleja, solo añadir que la ausencia total de lo material es trágica, que lo superfluo es absolutamente prescindible pero que el problema con el que luchamos más habitualmente es el de la determinación de lo superfluo y prescindible porque hay cosas que a pesar de haber vivido sin ellas previamente y de su carácter superfluo hoy nos pueden resultar imprescindibles, poniendo un ejemplo de fácil comprensión, yo por circunstancias estuve en la vanguardia de las comunicaciones pero hoy he conseguido vivir con un teléfono móvil que solo sirve para realizar y recibir llamadas del que no logro prescindir a pesar de que hace no tantos años ni siquiera existían sin paralizar las relaciones humanas, por lo tanto soy defensor de la importancia de lo material en aportes básicos que permitan nuestros movimientos vitales y de la mayor importancia también vital de los valores espirituales que son los que contribuyen a nuestro desarrollo como seres racionales, proceso complicado que a veces hay que recorrer en soledad por lo complejo que nos resulta compartirlos debido a que cuando lo hacemos nos sentimos desnudos con una desnudez que nos deja totalmente indefensos sabiendo que podemos sufrir daños más profundos y de más difícil curación que los físicos.
    Corto el rollo porque creo que ya estoy en un bucle, felicitación sentida por tus trabajos con un abrazo de vuelta.

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    1. Si no llegas a ser perezoso con el teclado….
      Gracias por tu generoso comentario, por dedicarme tu tiempo y esfuerzo para dejar tu granito de arena. Estoy de acuerdo contigo en que lo difícil es establecer cuál es lo necesario y cuál lo superfluo aunque en la fábula habla de a avaricia, que sería algo así como acumular demasiado de lo innecesario.
      En cuando a lo de compartir valores y sentirnos desnudos e indefensos ante el miedo a sufrir, te diré que vivir con miedo es como vivir a medias. Nunca hemos de tener miedo de mostrarnos. Los daños pueden ser de difícil curación si, pero antes de eso habremos disfrutado.
      Abrazos curativos por si acaso.

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      1. Gracias por los abrazos curativos Ana, nunca sobran, de todas maneras yo voy de vuelta y a estas alturas con las heridas más dolorosas de mi vida, que no son muchas pero si dolorosas, ya cicatrizadas y con la balanza de aprecio de lo material corregida por la experiencia que con su fiel me indica que me he rodeado de muchas cosas innecesarias y que debo equilibrarla eliminando lo superfluo o añadiendo lo que me aporte plenitud sensorial, abrazos de vuelta.

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  12. Si quieres empezamos, pero tendo dos hijos con la fea costumbre de comer todos los día, y a todas horas. ¿Hablas tu con ellos? A mi ya no me hacen caso… Es broma!!.
    Tienes mas que razón. ¿Y sabes cuando me doy cuenta yo?, cuando ocurre alguna desgracia cerca de mi, y por desgracia, me suelo referir a pérdidas importantes.
    Pero, curiosamente, enseguida se me pasa, y vuelvo a las andadas.
    Superficial que es una… 🙂

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    1. Hay unas necesidades básicas que debemos cubrir naturalmente. Pero hay otras muchas que nos generamos nosotros y que son absolutamente prescindibles. A esas me refiero yo. Al atesorar bienes que no necesitamos.
      Uno se va dando cuenta con el tiempo de todas estas cosas. A mi al menos así me ocurre. Besines!!

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