DIARIO DE TRIANA VI

161 comentarios en “DIARIO DE TRIANA VI”

  1. No se si este escrito es producto de tu mente o es real, si es lo primero te felicito muy efusivamente pues es disgno de leer y saborear la escritura y si es verdad…ufffffff que envidia!!!!! disfrútalala siempre que puedas y si la comida se quema… pues hay restaurants que se come bien y a veces sin gastar mucho!!!!!! La vida pasa volando y tenemos que disfrutarla en todos los sentidos… creeme, tengo experiencia. Un abrazo…

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  2. A ver, tu relato es una maravilla, pero irreal al cien por cien. Me explico: Bastante es que un hombre se meta en la cocina (yo lo hago así que no me asombro pero hablo en general). Ten en cuenta que los hombres no somos capaces de prestar atención a dos cosas a la vez. Ahora vas tú y le haces esas cosas que dices por la espalda a ese pobre infeliz que está superconcentrado en hacerte unas fabes… No quisiera probar yo lo que ese pobre hombre hubiera cocinado en tales circunstancias. Las fabes las habría hecho sin fabes, ¡Seguro!

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    1. Jajajajjajajaja!! No es irreal cacho trasto. Acababa de poner les fabes a cocer. Y todo el mundo sabe que les fabes llevan mucho tiempo. Que hay que cocinarlas a fuego lento durante bastante tiempo. Que no se han de revolver porque se deshacen. Dicho esto, había mucho tiempo por delante para cocinarlo todo al chu chup!!!

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  3. Que letras tan llenas de rica pasión y deseo, que fuego existe en tus letras, te felicito a mi en lo personal, te solicito que nos sigas llenado de curiosidad con relatos tan intensos como efímero es un momento así como el descrito, felicidades y besos y abrazos.

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  4. O muchas mujeres mienten, o mi mujer es la única que no ve sexy a un hombre en la cocina. Aunque también puede ser que todas vean al hombre de Triana en la cocina, por eso les resulta sexy, y luego cuando llegan a casa y se encuentran al suyo cocinando, se les va la líbido a los pies… porque es lo que hay. Yo de todas formas seguiré haciendo mis pinitos a ver si un día me llevo ese abrazo por la espalda… Besitos cocinados

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    1. Mentir no mentimos, Oscar,es sexy cuando el hombre en cuestión sabe lo que hace en la cocina, me conformo con una tortilla francesa. no lo es tanto cuando llegas y te encuentras a un tío (por muy pibón que sea) con la cocina más guarra que el palo de un churrero,porque ha decidido darte una sorpresa,jejejejeje, que esas sorpresas acaban fregando hasta el techo a las tres de la mañana!

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      1. Jajaja, y qué haces aquí en esta entrada vetusta!!! 😀 Y da lo mismo el tío que sea? Mira que creo que soy yo, en serio. Porque yo hago poco, pero lo poco que hago sé hacerlo, y uso mi delantal y todo. Y procuro limpiar poco, porque luego limpio yo, jajajaja. Pero no me veo en el momento ese de Triana. Quizás los niños?

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    1. Pink, sabes esta sensación de saber que alguien muy esperado ha entrado en casa y vas escuchando sus pasitos, como abre puertas, como deja las llaves sobre la mesa, como se quita la ropa….y tu estás deseando verle y a la vez expectante?? Pues así estoy yo….esperando….expectante.

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  5. Ayer llegué a casa de Triana, como siempre, en el taxi del Sr. Gonzalo, al que después de tanto tiempo y tantos viajes, no me cuesta nada pedirle algunos favores. En su inmaculado “Mercedes”, junto a mis maletas y mi portátil, viajaban como oro en paño dos saquitos de auténticas fabes asturianas, un regalo para la reina de mis cinco sentidos, de todos los placeres y ama de llaves de algunos de mis secretos mas inconfesables.
    Hoy, el día ha nacido preñado de buenas vibraciones. La primera siempre es Triana… Si alguien te quiere, te ama, espero que te despierte con besos, como los de ella, que te lleve de la mano a la ducha como ella, que sus manos te llenen el cuerpo de espuma como solo ella sabe hacerlo bajo la lluvia de agua caliente, que te… perdón, me dejo llevar y sin querer me desvío del tema que nos ocupa.
    Hoy, el día es perfecto. Las fabes han estado toda la noche de remojo y Triana ha bajado a la playa a relajarse con ese condenado pantalón corto, tan corto que deja asomar el inicio de sus nalgas de acero nacarado y esa camiseta que con el frío y la tenue llovizna de la mañana, cae sobre el vaivén de sus pechos que, oscilando rítmicamente ante mis ojos, quieren que me vuelva loco y que… perdón, otra vez me he dejado llevar. Voy al tema.
    Hoy cocino yo y el día se me antoja… perfecto. Mientras Triana se relaja practicando su deporte favorito por la playa, yo ya tengo muy avanzado el menú. Fabada asturiana con almejas y carne de vieira gallega. Maridaje de culturas entre fogones, que nuestros estómagos también necesitan amor. La fabada me gusta dejarla lista a media mañana, a fuego muy lento, para luego dejarla reposar al menos dos horas mas antes de comer… Esas horas, con el aroma de la cocción inundando la cocina, son perfectas para charlar, con una copa de vino en las manos, con esa persona que día a día te hace más fácil esta dura tarea de vivir.
    Cocinar es como hacer el amor; Ingredientes de calidad son siempre necesarios, tiempo sin prisas, buena disposición y práctica, mucha práctica… y con ella me encanta practicar, dejarme llevar hasta el éxtasis…
    Triana acaba de llegar. Lo sé por el vigor de sus pasos en el porche de madera que da a la playa, unos pasos casi acompasados con las notas del piano de Ludovico, la música perfecta para una copa de vino con Triana. Sé que se acerca cuando resuenan las llaves cayendo en la mano de cristal que tiene en el aparador de la entrada.
    Acerqué la humeante cuchara a mis labios para probar el punto de sal de mi fabada cuando en mi espalda, noté inconfundibles los fríos y duros pechos de Triana, con sus pezones como barrenas de mina intentando taladrarme la piel, apretándome con fuerza en su abrazo… ¡¡uffff!!! la salsa estaba para que Chicote me pusiera un sobresaliente mientras mi nuca, como un lobo en celo, se erizaba con los besos de Triana y su cálido aliento. Quise hacerme el duro y concentrarme en la fabada pero nadie puede hacerlo cuando el pubis de una diosa se está frotando contra tu culo. En ese momento decidí que la fabada ya estaba lista y me dispuse a servirle una copa de Albariño. Casi se me cae la botella al sentir sus delicadas manos por dentro de mi pantalón que apenas podía contener la sublevación de la carne que allí hervía…
    No pude más. Como siempre me dejé llevar y al girarme ví a mi sudorosa Triana pidiéndome con los ojos, “cocíname lento”… No me acuerdo del orden, solo se que en segundos la desnudé mientras mis bermudas caían solas al suelo y mi camiseta volaba por la cocina y allí mismo, sobre la encimera, sin que el cartero tuviera que llamar dos veces, nos hicimos el amor como nunca y como siempre, lento, muy lento.
    Aún con el sabor de aquella salsa pasando de mis labios a los suyos y bebiendo refrescantes sorbos del vino de aquella copa, sus talones me golpeaban mis nalgas marcando y azuzando el ritmo de los embates en nuestro frenético galopar hacia su primer orgasmo, el más tímido y sensual, antesala del segundo, donde yo ya muero de placer con mis brazos aferrados a su espalda y mi cara enterrada entre sus pechos de seda…
    – Eres un excelente cocinero, me dijo con su voz aún entrecortada… Adoro su voz, aún cuando no puedo escucharla…
    Es verdad; cuando ella me mira, ¡¡es tan fácil…!! Si, lo admito, cuando ella me mira, me dejo llevar.

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      1. ¿Recuperada ya? Espero te haya gustado mi sorpresa. La verdad es que con tantos y tan buenos comentarios que he leído, que cuando llegué al último, ya casi tenía el borrador del mío bullendo en mi cabeza…!!!
        Ya soy un adicto más a Triana…!!!

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    1. Después del aperitivo nos comimos la fabada con calma mientras intercambiábamos anécdotas y muchas risas. Nos encantaba reírnos juntos.
      De postre, él me había preparado un delicioso arroz con leche y desde el plato y la cucharilla común, alimentamos nuevamente el deseo entre miradas y caricias. Una gota de la crema resbalando por la comisura de sus labios fue recogida por mi lengua evitando el desperfecto.
      -No podemos dejar que se pierda nada!
      -Desde luego que no, sería un desperdicio querida Triana.
      Metí el dedo indice en el cuenco. Le miré a los ojos entreabriendo la boca, chupando primero y ofreciéndole después. Repetí de nuevo el dedo en el cuenco, y esta vez dibujé con la crema sus labios mientras su lengua salía al encuentro del índice y lo rodeaba con ardor. Los pasos trazados por mi dedo fueron sustituidos por mi lengua.
      Se apartó para beber un trago de vino. Su mano rodeó mi nuca y atrayéndome hacia sí depositó en mi boca ardiente el trago derramándolo desde la suya. Bebí, besé, mordí, amé.
      Tracé un camino de besos desde su cuello a los hombros, desde los hombros al pecho, y de allí a su vientre.
      -Triana! -suspiró en un susurro.
      -Dime amor-respondí mientras me llenaba de él la boca.
      Besé, mordí, amé.
      Arrodillada ante el, mientras me miraba con el deseo desatado en los ojos, le enseñaba traviesa cómo se hace un postre delicioso al estilo tradicional del norte.
      La crema del arroz con leche se quedó corta…

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    1. Te haré un traje con abrazos y me vestiré con los tuyos. Tu ausencia ha sido larga y de nuevo vienes para llenar mi casa de emociones.
      No puedo expresarte cuántas veces te he extrañado en este tiempo, pero seguro que lo sabes ya. Tu eres quien nunca deja de enseñarme cosas querido amigo. Tus relatos en forma de réplica maravillosa son un lujo para mi.
      Y sólo puedo agradecertelos una y mil veces.
      Es una suerte haberte encontrado Pink!!

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      1. 🙂 🙂 🙂 Te sorprendería las veces en que me han dicho “que suerte que me encontraste” y hasta ahí puedo leer, jajaja !Vaya recuerdos¡ La suerte es compartida. Siento que se te haya hecho larga la espera. La buena noticia es que posiblemente en un mes ya esté de regreso en Canarias…

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  6. Decía la canción “yo para ser feliz quiero un camión …” Después de leer a Triana creo que voy a optar por una cocina jajaja
    En serio, Ana. Tus relatos de Triana tienen la propiedad de movilizarme, a pesar de ser las 2 y pico AM me apetecería salir a correr para luego entrar en la cocina.
    Eres brillante, muy brillante Ana

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